Cuando el miedo acompaña al perro en cada paseo
Coco es un caniche toy de un año cuyo caso refleja muy bien una consulta que recibo con frecuencia: un perro con miedo que vive en un estado de alerta casi constante.
Sus responsables me llamaron porque querían mejorar su calidad de vida y conseguir que los paseos dejaran de ser un momento de tensión.
Coco se asustaba de las personas, de muchos ruidos y prácticamente de cualquier situación nueva. Durante los paseos iba siempre pendiente de todo lo que ocurría a su alrededor, sin llegar a relajarse. Además, apenas sabía relacionarse con otros perros.
¿Por qué algunos perros desarrollan tantos miedos?
Cuando convivimos con un perro inseguro es normal que queramos protegerlo.
Lo hacemos desde el cariño.
Intentamos tranquilizarlo, lo cogemos en brazos, lo abrazamos, evitamos que pase miedo o estamos constantemente pendientes de él.
Sin embargo, muchas veces, sin darnos cuenta, esa sobreprotección acaba teniendo el efecto contrario.
El perro empieza a depender cada vez más de su responsable para afrontar cualquier situación y deja de desarrollar herramientas propias para gestionar el entorno.
Reducir el estrés para ayudar a un perro con miedo
Antes de trabajar los síntomas, decidimos trabajar la causa.
Lo primero fue enseñar a sus responsables a comprender el lenguaje corporal de Coco.
Analizamos todas aquellas pequeñas situaciones cotidianas que podían estar aumentando su estrés sin que ellos fueran conscientes.
Por ejemplo:
- Abrazarle constantemente.
- Invadir su espacio cuando buscaba tranquilidad.
- Anticiparse continuamente a lo que podía ocurrir.
- Intentar consolarle constantemente en situaciones que le generaban inseguridad.
Muchas personas se sorprenden cuando explico que incluso un abrazo puede resultar estresante para algunos perros.
Puede ocurrir una de estas dos cosas.
La primera es que el perro no se sienta cómodo y empiece a emitir señales de calma, como girar la cabeza, sacar la lengua o quedarse rígido.
La segunda es que termine buscando constantemente ese contacto y genere una dependencia excesiva hacia su responsable.
En ambos casos aumenta el estrés emocional.
Y cuando aumenta el estrés, también aumentan los miedos.
Por eso dedicamos buena parte del trabajo a modificar pequeñas rutinas del día a día.
El cambio de Coco
A medida que fueron disminuyendo las situaciones que le generaban estrés, Coco empezó a mostrarse más tranquilo.
Los paseos dejaron de ser una sucesión de sobresaltos y comenzaron a convertirse poco a poco en experiencias más agradables.
Su capacidad para observar el entorno sin reaccionar mejoró.
También empezó a sentirse más cómodo en presencia de otros perros y a ganar seguridad.
Todavía queda camino por recorrer, porque superar los miedos requiere tiempo, pero Coco ya dispone de una base emocional mucho más sólida sobre la que seguir trabajando.
Lo que podemos aprender del caso de Coco
Este caso nos recuerda una idea muy importante.
Muchas veces creemos que ayudar a un perro consiste en protegerlo constantemente.
Sin embargo, la mejor ayuda suele ser otra muy distinta.
Consiste en entender qué cosas aumentan su estrés, respetar sus emociones y darle herramientas para que vaya ganando confianza poco a poco.
Cuando conseguimos reducir el estrés, el miedo empieza a perder fuerza.
Y es entonces cuando resulta mucho más sencillo trabajar cualquier problema de comportamiento.
¿Tu perro también vive con miedo?
Si tu perro se asusta con facilidad, va en alerta durante los paseos o reacciona ante personas, perros o ruidos, probablemente el problema no sea la obediencia.
Lo más importante es entender qué está provocando ese estado emocional y ayudarle a recuperar la tranquilidad.